Cuando hablamos de migración entre México y Estados Unidos, casi siempre nuestra mirada apunta hacia el norte. Sin embargo, poco se habla de lo que ocurre cuando el viaje es de regreso. De acuerdo con datos oficiales, entre 2013 y mayo de 2025, aproximadamente 2,630,080 personas mexicanas fueron deportadas o retornaron voluntariamente. A pesar de esta magnitud, quienes son deportados a menudo desaparecen del debate público en ambos países, haciendo que sus experiencias tras el retorno sean en gran medida invisibles.
En mi investigación reciente, me he enfocado en las historias de un grupo que vive esta invisibilidad de manera profunda: la llamada generación 1.5, conformada por aquellas personas que llegaron a Estados Unidos siendo niños y construyeron toda su vida allá. Al volver a México, conforman lo que se conoce como la "diáspora de llegadas en la infancia"¹. Para ellos, esta transición implica una ruptura dolorosa de sus lazos sociales y familiares en Estados Unidos.
El continuo de la deportabilidad y el choque cultural
Imagina volver al lugar donde naciste, pero enfrentarte a lo que llamamos un "continuo de la deportabilidad"². Esto significa que, incluso en su propio país, enfrentan enormes dificultades para probar su nacionalidad mexicana, simplemente por la falta de documentos oficiales emitidos por los consulados.
A esta barrera burocrática se suma un inmenso choque cultural al intentar adaptarse a sistemas educativos y laborales completamente distintos. Lo más alarmante es que, con frecuencia, sufren discriminación en su propia tierra debido a sus acentos o por su desconocimiento de ciertas normas culturales locales³. En México, su retorno suele ser percibido de manera errónea como una señal de fracaso económico y social, lo que lleva a que se les reduzca a etiquetas cargadas de estigma, llamándolos "pochos", "cholos" o "deportados"⁴.
En términos de integración laboral, muchos se establecen en grandes centros urbanos donde los call centers a menudo representan una de las pocas opciones de empleo que realmente valoran su dominio del inglés y su conocimiento bicultural⁵.
La fuerza del biculturalismo y las redes de apoyo
Frente a estas barreras sistemáticas y la falta de oportunidades laborales, la resiliencia de esta comunidad es notable. Su bilingüismo y biculturalismo les permiten fomentar redes transnacionales que desafían las nociones tradicionales de lo que significa "ser mexicano"⁶.
Como respuesta a la precariedad, han surgido organizaciones creadas y dirigidas por los propios migrantes retornados o deportados, como Dream in Mexico (DIM) y Otros Dreams en Acción (ODA). Estas iniciativas se enfocan en apoyar procesos esenciales que el Estado suele ignorar: conseguir vivienda, obtener identificaciones oficiales, revalidar credenciales educativas y asegurar un empleo.
En nuestra próxima entrada de Confluencias, exploraremos a fondo cómo estas organizaciones están utilizando plataformas digitales como Facebook no solo para brindar información práctica, sino para construir identidades colectivas y fomentar un verdadero sentido de comunidad frente a la marginación.
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Notas al pie y referencias de la investigación:
¹ De La Cruz Santana (2022). ² Anderson (2019). ³ Hernández-León y Zúñiga (2016); Jacobo y Despagne (2022); Vila-Freyer (2020). ⁴ Anderson (2015); Porraz (2016); Olvera y Muela (2016). ⁵ Anderson (2015). ⁶ Hamann y Zúñiga (2011); Mora-Pablo y Basurto (2019); Kasun y Mora-Pablo (2021); Zúñiga y Giorguli Saucedo (2019).
Categoría: Investigación y Divulgación
Palabras clave: Migración de retorno, Generación 1.5, Diáspora, Humanidades Digitales, Divulgación científica, Justicia Social.
Este texto es la primera de tres partes (versión de divulgación) basadas en los hallazgos de mi artículo "Digital Rhetoric and Identity Politics in Associations of Returning Migrants to Mexico", publicado en el Bulletin of Latin American Research (Enero, 2026).